A veces, acompañado por la música adecuada o el silencio
preciso, comienzan a aparecer en mi cabeza recuerdos como imágenes borrosas del
pasado, y así, a falta de brisa que disperse la niebla y me permita ver con
claridad, los espacios difusos son
llenados con piezas impregnadas de mi estado de ánimo inmediato. De este modo,
tal como un dibujo es la dramatización de una imagen retenida en la mente, mis
recuerdos se vuelven dramatizaciones de los momentos vividos en el pasado.
Es difícil saber cuánto es que he perdido la perspectiva
de la realidad, es triste pensar que a veces los recuerdos están tan matizados por
el estado actual que pierden lo que los hace valiosos: ser el reflejo de vivencias,
certezas que hoy mismo parecen diluidas.
¿De qué me he alimentado todo este tiempo? ¿Son las vivencias
las que me han dado la forma actual, o ésta es el resultado de tendencias
naturales e imperceptibles que dramatizan todo aquello que recuerdo?
(Esto lo escribí durante el último mes del 2007. Vaya recuerdos de ese año.
Hoy me dio por recordarlo y compartirlo)
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