No era mi intención arrogarme el derecho de subir la primera entrada de este blog, pero siento la necesidad de dejarles el poema que leí hoy en la videoconferencia. Como bien saben, se llama "La palabra" y es de Gabriela Mistral, nuestra ignorada poetisa.
No creo entender como debiese la poesía de Gabriela, ni tanta poesía que pasa por mis ojos sin que yo pueda decir mucho, y que me deja, sin embargo, sintiéndo más de la cuenta. Es como si cada una de las palabras que conforman una frase escrita de especial manera, golpeara con violencia parte de mi ser, sin que yo pueda explicarlo.
No obstante, me conformo pensando en que esos golpes, culpables de tantos sentimientos, son finalmente más importantes que nuestro propio entendimiento frente a todo lo esparcido en este mundo con tanta belleza, como un poema, o la naturaleza o cualquier cosa que nos golpee el alma sin que sepamos por qué. Tal vez, no es lo principal razonar y tratar de que otros razonen nuestra experiencia, sino vivirla, sentirla al máximo y con todas nuestras fuerzas.
De eso se trata para mí "La palabra" y de eso se trata en parte nuestro club:
El análisis desde nuestra intuición parece, incluso, acercarnos un poco a la verdad detrás de las cosas, sin olvidar que ésta se nos está vedada.
La Palabra
Desdeñarás tu verbo, el que no te ha aplacado;
no amarás como un hijo el canto que entregaste.
En cada uno de ellos, hombre, te traicionaste,
dijiste otro mensaje, y no el tuyo, sagrado.
Mejor expresa el alma del granado su fruta
de frenesí; mejor, la pluma azafranada
del faisán de oro, dice su Persia apasionada,
y mejor dice el polvo la gran sed de la ruta.
Y mejor todavía, las madre-perlas, duras,
tornasoladas como los ojos de Proteo,
y la medusa que muda como el deseo,
dicen al mar y son sus fieles criaturas.
Hiciste tu palabra con tu carne más roja
y te dolió arrancar su almendra ensangrentada.
El canto fue la médula de tus huesos volteada;
pero, fuera de ti, tu canción es tu mofa.
No tiembla como tiembla tu boca con jadeo
y no entrega la rima tu entrechocar de dientes.
Se muere el canto, como la salamandra ardiente,
saliendo de tu entraña, torcida de deseo.
no amarás como un hijo el canto que entregaste.
En cada uno de ellos, hombre, te traicionaste,
dijiste otro mensaje, y no el tuyo, sagrado.
Mejor expresa el alma del granado su fruta
de frenesí; mejor, la pluma azafranada
del faisán de oro, dice su Persia apasionada,
y mejor dice el polvo la gran sed de la ruta.
Y mejor todavía, las madre-perlas, duras,
tornasoladas como los ojos de Proteo,
y la medusa que muda como el deseo,
dicen al mar y son sus fieles criaturas.
Hiciste tu palabra con tu carne más roja
y te dolió arrancar su almendra ensangrentada.
El canto fue la médula de tus huesos volteada;
pero, fuera de ti, tu canción es tu mofa.
No tiembla como tiembla tu boca con jadeo
y no entrega la rima tu entrechocar de dientes.
Se muere el canto, como la salamandra ardiente,
saliendo de tu entraña, torcida de deseo.
(Gabriela Mistral)
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Probablemente lo que nos une sea aquello que justamente subyace a la palabra, aquello a lo que podemos acceder a través de la intuición y que se presenta, a veces, pleno de sentido. Me agradan mucho tus palabras, Marcela, van en la dirección marcada por Robert Graves en La fría malla, donde acusa al lenguaje de “amortiguar el perfume de la rosa”. Siento que en el club desafiamos al lenguaje (desafiamos nuestras propias barrera). En nuestra intimidad colectiva olemos el perfume de la rosa y, hasta donde podemos, tratamos de comunicar el sentimiento.
ResponderEliminarQuizás un día podamos embriagar a la razón para quitarle las cadenas a la intuición. En ese momento no serán las palabras la intermediaria para expresar lo sentido con la poesía, los dibujos o los rituales. Hablarán nuestros ojos iluminados y los silencios prolongados sobre lo que está al otro lado de la fría malla que nos envuelve desde que pronunciamos la primera palabra.
Muchas veces cuando he visto o leído biografías de algún personaje y noto que todas parecen hablar de seres diferentes, me pregunto cuál sería su ser esencial, eso que nunca logró expresar y que por ende nunca llegó a ser parte de una biografía. Y esta idea me lleva a pensar en lo que yo mismo no sé expresar de mí y de mis circunstancias y a preguntarme qué tanto conocen de mí los que me rodean, incluso los más cercanos, y si eso que ven es muy distinto a lo que yo creo mostrar.
ResponderEliminarGracias por compartir este primer post del Blog, Marcela, y por la elección de este poema de Gabriela donde además de desarrollar un tema que tanto nos compete como son la palabra y su contraparte, lo inexpresable, la poetisa se nos muestra con tanta humildad, cosa quizás poco común en un autor de su porte.
Interesante, además, que se haya comenzado con dos chilenos, Mistral y Parra, esta nueva etapa.
Un abrazo para todos y a darle riendas al Caballo de Copas.
"La fría malla" de Robert Graves caló profundo en mí hace un tiempo. Lamentablemente, el poema traducido al español no está completo. ¿Dónde están los traductores cuando uno más los necesita? (jaja).
ResponderEliminarDejo los enlaces del poema por si lo quieren leer:
En español: http://descontexto.blogspot.com/2010/01/la-fria-malla-robert-graves.html
En inglés: http://www.poetryarchive.org/poetryarchive/singlePoem.do?poemId=7075